A la hora de escribir para mi blog, una de las cosas que más me cuestan aunque parezca mentira es ponerle un título a los post.
En este caso escribiese lo que escribiese lo tenía claro.
Mi padre con todo el cariño que le tenía la llamaba así, y, ¿Quién soy yo para contradecirle?
Así es ella, una “toliña”.
La amistad es una de las cosas más importantes con las que podemos contar en la vida. Y una de sus formas más hermosas, es la que se da entre las chicas que prometen estar unidas para siempre entre sí. En nuestro caso que yo no tengo ninguna duda de que es y será así.
No quiero imaginar que nuestros caminos se separen, aunque también soy consciente de que yo no tengo el control sobre eso. Lo único que puedo y quiero hacer, es nunca moverme de aquí, porque quiero que me encuentres cuando más lo necesites.
Siento que hemos aprendido mucho la una de la otra. Siempre has sido y estado para sostenerme y debes tener presente, que jamás cambiaría la comprensión y los buenos momentos que me has ofrecido, por nada del mundo.
Eres esa persona incansable que siempre me ha apoyado en los momentos difíciles, y has compartido mis alegrías en aquellos que están repletos de felicidad.
Con tus virtudes y tus defectos, con esa chispa tan particular que te caracteriza y te vuelve tan importante para mí. Te quiero tal y como eres, nunca he dejado de pensar que no cambiaría nada en tu forma de ser.
Compartimos el amor por la música, y esa simple pasión mutua une sin quererlo.
Aunque sé que una de mis pasiones televisivas no la compartes ni lo más mínimo, me aceptas tal y como soy.
Nuestros caminos han cambiado, que no separado y constantemente pienso que aunque se haya producido esto, todo el tiempo que compartimos que no es mucho, lo sabemos valorar y administrar de la mejor manera.
No importa lo negros puedan ser los problemas que se te presenten, ni lo complicado que pueda resultar salir adelante. Yo siempre voy a estar ahí para ti. Nunca debes dudar en recurrir a mí para apoyarte cada vez que lo necesites.
Lo que si tengo claro y he comprendido, es que no hay nada que me haga más feliz que verte como luchas por alcanzar tus sueños, y vas cumpliendo cada una de las metas que te propones. Porque tú eres así, persistente.
Gracias por todo. Por estar ahí, por ser como eres, por nunca dejar que me dé por vencida y a la vez, no hacerlo tu. Te quiero.
