martes, 9 de julio de 2013

EL TRABAJO HIZO LA UNIÓN…



Querida compañera, y digo querida de forma consciente, no por pura cortesía. Lo digo porque te conozco un poco, lo suficiente -creo-, desde hace años y te aprecio como profesional, como compañera y sobre todo como persona.
En la vida uno se tropieza con regalos, con triunfos, victorias y momentos felices de los cuales debemos saber aprovechar, y tu llegada a mi mundo es uno de estos regalos.
En el momento en que nos conocimos el telón cayó y las ideas preconcebidas que tenía sobre ti se esfumaron. Cada vez tengo más claro que hay que conocer a las personas  antes de tener una impresión, en tu caso era errónea.
 Supe que ambas teníamos cosas que enseñarnos, que la vida nunca se equivoca, que nos tenía sorpresas preparadas y sin duda no creo haberme equivocado…
Sí, cosas buenas y malas; la mayoría de las veces las cosas suelen ser así de ambivalentes…
Somos adolescentes adultas, quizás a veces una mas adulta que la otra, pero de igual manera ya tenemos algo preciado y visto en esta corta vida…
-¿sabes qué es?-
Conocemos que es la lealtad y amistad al mismo tiempo.
Nuestra amistad no la regalaría a nadie ni la olvidaría por nada del mundo…
Al ponerme a reflexionar todo lo que me ha pasado, he descubierto que a pesar de que no nos conocemos desde hace mucho, te tengo una gran confianza, pues realmente me apoyas y has estado cuando te he necesitado.
Nuestra amistad nació sin buscarla, sin forzarla, brotó así, como tienen que nacer todas las amistades, libre, espontánea y sincera,  a pesar de las diferencias, encontrando semejanzas que nos han ido uniendo día a día, compartiendo tantos momentos, descubriendo similitudes, confiando la una en la otra,  contándonos tantas cosas, y lo más hermoso de todo, la facilidad con que esas confidencias surgían.
Y ante todo esto sólo me queda darte las gracias por el tiempo que me has dedicado, por tus consejos y tu apoyo.
¡Te quiero!
¡Gracias por ser mi amiga!



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