Me encanta el mundo de la hostelería, de las buenas maneras, de la buena mesa, del trato con el cliente y soy consciente del trabajo y el esfuerzo que ello requiere siendo bien llevado.
Seguramente por la sangre que corre en mis venas por herencia paterna sé o intuyo lo que ese mundo significa y lo que requiere. Mi padre, amante del mundo de la hostelería nos inculcó a mí y a mi hermano lo que conlleva, los sacrificios que ese mundo tiene, los sinsabores que te da, el cansancio, las horas trabajadas, el trato con el cliente que no siempre es fácil, la dedicación…
Por esto mismo suelo ser bastante crítica, no demasiado, con los establecimientos de hostelería a los que voy.
No se ustedes, pero yo cuando me voy a tomar una caña con mis amigas lo único que pido por parte del hostelero/a es una sonrisa, unos buenos días/tardes/noches y una cierta cortesía. Son tres aspectos sencillos pero no siempre asumibles por parte de los dueños de estos locales. Pasemos a analizarlos:
1. Sonrisa: Vamos a ver. No es agradable llegar a un local a pedir una consumición y que detrás de la barra te atiendan con cara de pocos amigos. En todos los trabajos y principalmente aquellos que conllevan trato con el público es necesario un buen saber estar. No pido que me monten el circo de los payasos, pero una cara afable y sonriente siempre es mucho más llevadera que una triste y apagada. Y como bien dice mi señora madre, en un trabajo los problemas se dejan en casa, no hay que pagarlos con el cliente.
2. Buenos días/tardes/noches: ¿En serio es tan complicado decirlo? ¿Es más sencillo responder a mi saludo como clienta con un gruñido o con un silencio? Si te dedicas a la hostelería y a estas dos preguntas has respondido afirmativamente creo que deberías pensar en cambiar de profesión.
3. Cortesía: Ahora vamos a tratar uno de los puntos que más me gustan y que más debate causan entre hostelería y clientela. A tu consumición ¿es necesario añadirle un pincho?. Pues vamos a ver. Yo no digo que sea obligatorio que a los clientes nos obsequien con una cuchara de caviar iraní cada vez que consumamos, pero hombre, unas patatillas y unas olivas bien se merecen. Me encanta cuando estás en un local pidiendo y a tu alrededor hay otras cuatro personas más. Todos pedimos y al resto le ponen patatillas, pincho o como quieran llamarlo ustedes y a ti no. Se te queda una cara de gilipollas que no puedes con ella.
Pero en fin ¿saben quienes tienen la culpa de que se sigan haciendo estos feos a los clientes? Pues sí, nosotros mismos, los clientes. No sabemos reclamar. ¿En tal bar nos tratan mal o nos hacen algún mal gesto?, da igual, allí volvemos a tomarnos nuestra cañita.
Después de tratar estas reglas, para mi básicas de la hostelería, pasemos a otro tema mucho más divertido. ¿Cómo gestiono mi local?
Me encanta cuando alguien se plantea abrir un bar, restaurante o local, y lo primero en lo que piensa es en contratar a personal, vacaciones y que día de la semana me cojo libre por descanso de personal. Sé que estoy exagerando un poco y que estas no son las únicas cosas en las que un empresario hostelero piensa a la hora de plantearse abrir un local pero entre otras muchas ahí están.
Yo no soy quién para decirle a nadie cuantos días ni cuantas horas tiene que trabajar. La persona lo sabrá. Pero me resulta muy simpático que lo que para mí, como conocido por hostelería lo asimilo con sacrificio, para otra gente sea viva la vida.
Pos cierto, una cosa que se me viene a la mente y ya a modo de despedida. Este es un mensaje para los hosteleros que estén leyendo esto. Si en su aldea, pueblo, ciudad,…. nunca han celebrado un concurso de pinchos, háganlo por favor. No es complicado y ustedes se supone que si les gusta la hostelería, debería ser un reto divertido entre todos los componentes de la hostelería de su entorno y un aliciente para los consumidores a allegarse a sus locales si nunca lo han hecho.
Gracias.

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