Su voz resonaba en mi cabeza desde hacía un tiempo cuando me lo habían recomendado algunas amistades.
Desde el primer acorde supe que sus canciones estarían añadidas a mi lista de imprescindibles.
Y así fue, hoy por hoy me alegro de haber sucumbido a sus melodías, ningún kilómetro recorrido ha sido en vano, todo el dinero gastado en una entrada, en un hotel o en un medio de transporte ha merecido la pena desde el segundo uno de la puesta en escena.
El título de este post ya os ha dado la pista suficiente para saber de quién hablo, y es ni más ni menos que de Andrés Suarez.
Hoy en día seguramente muchos/as de vosotros/as ya le conozcáis y me alegro de ello.
No hay nada más emocionante en esta vida que nos rodee la buena música, y la suya lo es.
Pero vamos a empezar por el principio.
En el año 2010 llegaron sus canciones a mí y me encantaron desde un primer momento. Lo disfrutaba, me emocionaba, reía, lloraba, sensaciones que no son fáciles de conseguir y él lo hacía con sus letras.
En el año 2011 buena noticia, viene a actuar al Roi Xordo (Allariz) y es una ocasión que no puedo dejar escapar. Es el cumpleaños de una amiga, tenemos cena toda la pandilla y después habría que acercarse para el concierto. Que mejor plan. Nada podría enturbiarlo.
Bueno si, la fiebre.
Me pongo malísima, de 39-40 de fiebre y me quedo sin cumpleaños y sin ver a Andrés.
Pasa el tiempo y llegan los conciertos en la sala Sónar de Santiago de Compostela. Eran el jueves y el viernes. Por cuestiones laborales en aquella época me despertaba a las 6:30 de la mañana con lo cual el jueves no era el mejor día para mí así que van mis amigas y yo me quedo sin verle, (ese horario no me importaría en futuros conciertos) otro chasco más. A la mañana siguiente me llama una amiga y me dice que si me apetece ir a Santiago a verle, y digo yo con el corazón a mil y los ojos abiertos como platos, como no por favor, claro, cuenta conmigo.
Allá nos fuimos a verle y cumplió todas las expectativas. Ese fue el primero de una larga lista de conciertos que hemos ido en todos estos años, Marín, San Vicente do Mar, Santiago, Madrid, Ourense, Pontevedra, Vigo, y una larga lista. La verdad es que si me pongo a pensar en todos los lugares que hemos ido no sé si daría con el número exacto pero rondará sobre 18 conciertos como mínimo.
Pero lo mejor de todo es ver su evolución como artista, la evolución de sus conciertos, de su público, que el día que me vi en el Palacio de Vistalegre en Madrid no dejaba de pensar en que hacía un par de años que estábamos en algún concierto 40 personas y tirando por lo alto. Increible pero cierto.
Es verdad que te vuelves más crítica tanto con el artista como con su público si llevas conociéndole desde abajo. Crítica en el sentido de que en algunos conciertos a tu forma de ver las cosas él no da la talla o a la inversa, te indignas aún más cuando el público que te rodea está de brazos cruzados y no lo entiendes ni lo más mínimo su actitud.
Pero bueno, gajes del “mundo grupie” como digo yo.
Se pasa todo cuando estás en un Palacio de Congresos de Santiago, escuchas “Una Noche de Verano” por primera vez y sin saber porque se humedecen tus ojos, se pasa todo cuando ves que una buena amiga cada vez que suena “Rosa y Manuel” se tiene que ir de la sala porque es incapaz de escucharla, se pasa todo cuando está acabando el concierto y lo das todo con tus amigas cuando suena “Lo malo está en el aire”, se pasa todo cuando escuchas “Te doy media noche” y te sientes identificada, se pasa todo cuando sale el al escenario y hace que 90 minutos de duración se conviertan en un suspiro.
Mi grito y mi tributo a tu música que en cada sala que esté escuchándote gritaré como mi mayor aplauso y no tengo mejor forma de acabar este post que diciéndolo es
¡¡¡¡Grande Suarez!!!!
Sed felices y bailad hasta que os duelan los pies
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